La celebración de lo cotidiano

Me he puesto holgazana, lo admito. El vaivén de la vida, sus ritos diarios y mis obligaciones me han amordazado. Me asombra a cada minuto cómo nos comportamos en nuestro espacio, qué imágenes construimos, que etiquetas seleccionamos, qué rostros escogemos en las mañanas ante el espejo. El comportamiento humano me tiene enredada en sus misterios, trampas y mentiras y me quedo largas horas analizandome y analizando a los otros, los que nos rodea a diario, veo a los niños y me pregunto cuánto de aprendido aplican a sus acciones, cuánto de espontáneo y cómo nosotros los adultos podemos armarles su pequeño mundo.
He estado unos días en el campo y ello me ha servido para pensar, en medio de la quietud de los árboles frutales, de un parrón anciano pero generoso, de montañas tierrosas unas, frondosas en vegetación, otras. Mi terapia ha sido caminar sola por las calles de tierra, sólo observando, sólo callando y leyendo.... por supuesto. El sol ha calmado el constante frío que siento y el silencio de la noche me ha obligado a dialogar conmigo y mis miedos. He encontrado en el camino verdaderos tesoros: una familia completa de gente de campo, niños, madre y padre, que con sacrificio siguen adelante en este mundo, en este haber sido "arrojados a la vida" como lo dijo Sartre en alguna parte y que tanto me gusta. Me gusta la gente sencilla, sin grandes aspavientos, que alberga una sabiduría de silencios, observación y resignación, que viven al compás de los ritmos de la naturaleza, de los animales, caminar es un rito diario, conversar con calma, mirar la noche al final de la jornada, me quedo pegada a su dinámica como buscando refugio y como nunca, me siento en calma.
Mientras leo libros de la biblioteca municipal, rescato uno súper interesante se llama "La Fiesta: Metamorfosis de lo Cotidiano" de Isabel Cruz de Amenábar (ediciones Universidad Católica)
se dedica a hacer una acuciosa investigación sobre las fiestas religiosas y paganas chilenas y el sincretismo que se produce a lo largo de la historia. En la introducción del texto, aporta ideas súper interesantes que dan para otro estudio. Ella habla de la fiesta, la celebración como un ritual sagrado, en que el hombre se conecta con la divinidad , creando un puente entre lo natural y lo sobrenatural, donde lo sagrado se funde con lo pagano. También adjudica a la fiesta la renovación creadora del tiempo, como una institución social legitimada en una cultura que arrastra las energías físicas y síquicas y afirma la existencia. La fiesta tiene así una funcionalidad mística: festeja la vida misma.
En ese contexto aparece la danza como la integración del cuerpo y el espíritu, más que cualquier otra expresión artística, donde emerge la energía en función de un culto sagrado.
"El cuerpo: escritura sagrada a través de la cual habla la trascendencia"
También se refiere a la particular expresión de las fiestas (fiestas barrocas, romanas, paganas) de ocultarse en máscaras y disfraces, como una forma superior de juego, se refiere al "homo ludens" y nos remite al festejo como rito, magia y liturgia.
Isabel Cruz de Amenábar nos habla de la fiesta como un rito ligado a la religión, cuyo origen fue sagrado: la fiesta remontaba al origen del mito de la creación.
Y me quedo con una cita espectacular que rescata este texto: "Todo lo que es profundo ama el disfraz. Todo espíritu profundo tiene necesidad de una máscara" .
Cuáles son nuestras máscaras? y cómo recurrimos a ellas en tiempos de fiesta?