Chau Stella

Háblame corazón,
hállame sangre.
Encuéntrame mortaja,
desentiérrame.
Que bajo ligera nieve
estoy ardiendo.
Miro tus fotos. Aquelllas donde posas joven y bella, furiosa , altanera, el cabello rojo, la piel blanca y delicada. Desafiante. .....Desafiabas al destino?.
Te imagino en los bares de la época con la manga de poetas, escritores y músicos, borrachos, deprimidos, desafiantes, revoltosos, galantes, seductores, tristes. Llegabas casi todas las noches, huyendo quizás de la frialdad de una habitación húmeda, de una cama fría y solitaria, de la noche dura y cruel. El vino calienta las venas, las neuronas, la piel. Todo comienza a ser menos triste, menos feo, menos aburrido. Y te embarcas en el viaje de los amigos que nunca fallan, los huérfanos de la noche también y juntos esperan el amanecer con menos dolor, con más fuerza para el próximo día.
Pero había algo inesperado....la juventud comenzó a retirarse lentamente de tu piel blanca y tu pelo rojo, los amigos comenzaron a morir, el frío se hizo más cruel, la noche no esperó ya tu transformación diaria... a musa y amante. Y te retiraste a tu pequeño mundo solitario, seguiste escribiendo como poseída... y eso seguramente te salvó del olvido.
Ahora que te vas, nos dejas tus mejores recuerdos de rebeldía y tus escritos de pasión, violencia, y descaro. Chau querida Stella, te buscaré en la noche más profunda, cuando la soledad no quiera abandonarme.